Fragmentos de horror: Hasta la última gota.

… Imaginen un mundo vacío. Redúzcanlo a un sitio, igualmente vacío. Sitúenlo en una estación de gas, vacía también. Un auto, vacío. Un individuo en busca del combustible para continuar su largo camino. Se acercó a la toma de combustible, colocando su auto a la altura exacta para poder comenzar el procedimiento de inyección. Antes de jalar la palanca que activa el mecanismo, detrás de él, una voz y el inconfundible sonido de un arma siendo recortada para disparar, fueron interrumpiendo lentamente su actual acción.
La voz le solicitó dar la vuelta lentamente y alejarse del vehículo. El atacante tenía también un auto, cuyo motor ya sin función, dejándole solo una opción: avanzar a paso humano. Ambos, en aquel sitio vacío. De algunos fantasmas y viejos pobladores, se sabía que esta era el último lugar donde conseguir el preciado líquido.
El hombre, cercano a la bomba, accionó la palanca; al instante, el atacante activo su arma; dando en el pómulo derecho de aquel hombre. Ante el disparo, la reacción del hombre fue retirar, involuntariamente, la bomba de gasolina. El líquido comenzó a salir a cuenta gotas de la bomba. Un segundo disparo salió del arma del atacante y fue así, como inició el incendio. El hombre cercano a la bomba de gasolina, intentó correr, pero las llamas cubrieron su cuerpo. Un tercer disparo se ubicó en la espalda de aquel hombre. Cayó al suelo aun retorciéndose de dolor entre las llamas y ahora, el fuego quemante de la bala que se alojó internamente.
El atacante, sin opción, miró como la última gota del preciado líquido se transformaba en una flama y se unía al resto, haciendo crecer el fuego. La última esperanza para llegar a un nuevo sitio y subsistir; eran ahora nulas. El atacante avanzó hacia las llamas… Sonó una última detonación del arma.
No estamos cerca de imaginar, ni tampoco lejos de ver. Ven un mundo vacío. Un sitio igual. La estación vacía. Autos vacíos. Individuos vacíos… todo es ahora, un vacío