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Fragmento de horror: El regalo


Era tanto su deseo de obtenerlo de aquellos a los que solían llamarles “Reyes Magos”. Su ilusión era mayúscula. Ver a 3 personajes de la cultura popular en su casa; no solo eso, tendría la posibilidad de obtener de ellos un juguete. Su deseo y su juguete. A una cierta hora, debía cumplir con algunos actos para completar la tarea:

1. Dejar leche y galletas en la mesa de la sala. 2. Poner una bota con los deseos o regalos a obtener 3. Haber lanzado un globo con una carta dirigida a ellos. 4. Colocarse un pijama y cobertores calientes. 5. Apagar televisión y todo aparato tecnológico a más tardar las 8 de la noche 6. Dormir profundamente.

Cada uno de los puntos los había cumplido Mateo. Excepto el último, porque no podía aguantar la curiosidad. ¿Eran reales? ¿Quiénes eran? ¿Eran sus padres como ya lo habían señalado sus amigos de la escuela? ¿Eran mágicos y por ello, habían sobrevivido a miles de años desde que solían existir? Fue bajando lentamente sus pies de la cama. Abrió lentamente la puerta de su habitación. Se desplazó por el pasillo de la misma. Bajó lentamente y sin realizar mucho ruido, los peldaños de la escalera, al punto que podía agacharse para observar la sala.

Una luz entró. Sus padres estaban cerca del árbol acomodando los regalos del pequeño Mateo. No podía creerlo, en realidad sus padres le habían mentido. Pero esa luz, entraba por la sala y se hacía cada vez más destellante. Eran 3 individuos, seres, entes… Eran. No podía entender lo que sucedía en su sala. Los 3 individuos no vestían ropas como las que había visto, no tenían barba ni tampoco el color de piel como en los dibujos. No tenían regalos en las manos. Eran 3 individuos de un color grisáceo, pero a la vez, luminosos. Su prominente cabeza, calva en su totalidad y unos enormes ojos de un oscuro profundo, más que el de la noche. Sus padres, alarmados ante la situación, no pudieron correr debido al gran temor. De un momento a otro, un enorme destello iluminó por completo la casa y sus padres desaparecieron, junto con aquellos 3 individuos. Mateo, con total temor, no se movía de su lugar.

Comenzó a ascender su posición, a mover lentamente los pies para subir. Pero resbaló e hizo un sonido que atravesó cada rincón de la sala. Un silencio abismal. A toda velocidad subió dirigiéndose a su habitación, aunque, al abrir la puerta, uno de los individuos lo tomó con sus enormes manos de tan solo 3 dedos. Nuevamente un gran destello de luz… Y la calma volvió a casa.


 
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