Fragmentos de horror: ¡Silencio mundo!

Enmudeció. Ni un solo ruido. La sala de operaciones esperaba lo cotidiano. Llanto, alegría, aplausos. Nada. La madre sollozaba ya cansada. Todos rendidos, listos para poner al pequeño en la báscula y proceder con lo que ningún médico gusta hacer: dar certificado de defunción. La madre entonces se levantó y tomó a su hijo en brazos.
-¡Miren! ¡Respira!
Los médicos no decían nada. Lo tomaron nuevamente.
Así era.
Un leve sonido, Un pálpito que se escucharía solamente en una caja de cartón en un vacío, pero ahí estaba.
Enmudeció. Y así salió a vivir al mundo, el cual se encuentra dominado por el arte del sonido de las lenguas.
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